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Falleció Tulio Crespi a los 88 años


El mundo del automovilismo argentino recuerda y despide a Tulio Crespi, quien falleciera este martes a los 88 años. Uno de los nombres que aportó sin duda al crecimiento del deporte motor en nuestro país a través de la fabricación y preparación de vehículos para especialidades nacionales e internacionales.

«Padre de la Fórmula», como fue apodado, Tulio tuvo su primer taller en el barrio porteño de Chacarita, para luego instalarse luego de un consejo de Juan Manuel Fangio en Balcarce a principios de la década de 1980. Entre sus desarrollos, destacan el Tulia GT, la Tulieta, el chasis Tulia y el Petiso – Torino, que marcó una época dentro del Turismo Carretera.

Tulio Crespi, en su viejo taller de Chacarita. (Foto: Automundo)

Artesano y hacedor de innumerables éxitos y desarrollos de autos de competición en cuanta categoría nacional estuvo, en el último tiempo su apellido trascendió por la convocatoria para la serie Senna de Netflix. Se le encomendó la fabricación de más de veinte réplicas exactas, un desafío que encaró junto a sus hijos.

LA ÚLTIMA CARTA DE TULIO CRESPI

Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera.

Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.

Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso?

Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.

Gracias.

Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.

Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.

Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo.

Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo.

No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice.

Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando.

Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede!

Gracias, gracias, gracias.

Tulio Crespi 

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