En una jornada épica para el automovilismo nacional, Franco Colapinto brindó un espectáculo sin precedentes en las calles de Palermo. Con un motor V8 que hizo vibrar el asfalto y un homenaje a Fangio, el piloto de Alpine reafirmó que la pasión argentina por la Fórmula 1 está más viva que nunca.
Pasadas las 10:30 de la mañana, el silencio de la ciudad fue quebrado por el agudo y salvaje grito de un Lotus E20 con motor Renault V8. Decorado con los colores azul y rosa del equipo BWT Alpine F1, el monoplaza apareció en el trazado callejero montado entre Bullrich y Casares.
Colapinto no se guardó nada. En el circuito de 2 kilómetros, el piloto de 22 años castigó los neumáticos con una serie de “donas” (trompos) frente a la Plaza Seeber, levantando una cortina de humo que se mezcló con los gritos de una multitud estimada en 500.000 personas. La velocidad punta en la recta de Libertador superó los 260 km/h, una cifra surrealista para una avenida urbana.
El momento de mayor carga emotiva ocurrió promediando la jornada. Franco se bajó del moderno Alpine para subirse a una réplica perfecta de la “Flecha de Plata” (Mercedes-Benz W196), el auto con el que Juan Manuel Fangio conquistó el mundo. El contraste fue total: de la tecnología de fibra de carbono a la elegancia del aluminio; del estruendo moderno al ronroneo del motor de los años 50.
“Manejar el auto del ‘Chueco’ frente a mi gente es algo que me voy a llevar a la tumba”, declaró un Colapinto visiblemente emocionado al descender del cockpit, envuelto en una bandera argentina.
Más allá del show, el evento tuvo un claro tinte político-deportivo. Con la presencia de autoridades de la FIA y emisarios de Liberty Media (dueños de la F1), la demostración de convocatoria fue un mensaje directo: Argentina quiere recuperar su Gran Premio.
La organización fue impecable, a pesar de la escala masiva. El operativo de seguridad contó con más de 1.500 efectivos y el despliegue técnico de Fox Sports permitió que el Road Show llegara a todo el continente. Solo un pequeño susto empañó el cierre, cuando el Lotus sufrió un principio de incendio en el vano motor tras la última exhibición por el recalentamiento acumulado; sin embargo, el equipo de rescate actuó en segundos y Franco bajó ileso para recibir la última ovación.

